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Recuerdos en el armario

De pequeña, mi niñera de Apulia, una mujer blanda y dulce como el pan hecho en casa, cada cambio de clima, solía decirme: “bedda mia, qui bisogna fare lo scarto” (querida, ha llegado el momento de hacer una selección). Era su manera de decir que había llegado el momento de poner en orden mi habitación.
Yo nunca me atrevo a tirar a la basura nada, tengo una colección completa de tarjetas postales, todos mis cuadernos de escuela y los recortes de periódicos ya no se cuentan. Ganar espacio entre nuestros recuerdos es una tarea interminable, pero muy útil.

 

Es un poco lo mismo que pasa cuando tienes que organizar el armario para el cambio de temporada, te dejas llevar por los recuerdos relacionados a la ropa ligera que encuentras toda arrugada en los cartones: esa ropa metida durante unas vacaciones romanas a la que has estado pensando con nostalgia durante todo el invierno, por la mañana, en el vagón del metro lleno hasta los topes de gente que se va a trabajar en un día gris de lluvia.
Pronto deseas ponerte esa chalina de colores pasteles y la chaqueta de vaqueros que te han acompañado durante los aperitivos en el parque y durante las tardes de verano junto con tus amigos.

 

¿Y los recuerdos del invierno? También deben ser conservados con el máximo cuidado, porque al final de agosto, cuando hubieres vuelto de vacaciones, pensarás a ese jersey negro que ha sido tu cobijita de Linus a lo largo del invierno pasado, deseando probar esa sensación de un abrazo que calienta el corazón. Búsca una cajetilla bonita, tal vez decorada con un paisaje de hadas popular y guarda dentro de ella todos tus recuerdos del invierno, lejos de toda pequeña insidia, envueltos en intensas fragrancias.